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viernes, 15 de junio de 2012

Crónicas de Ewal- El Árbol Milenario (II)



Relid trotaba, trotaba por el bosque dejando llevarse por el viento, por el cantar de los cuervos y por el sonido del agua al caer estrepitosamente contra el suelo. Se encontraba en plena tormenta, pero éso al centauro poco le importaba. Su melena roja como el fuego parecía arder en mitad del agua, sus ojos azules se confundían en aquella noche, parecían dos destellos que se movían y movían. Estaba en la cima de su vida, en pleno éxtasis, y por éso, aceleró el ritmo, llegando a correr a velocidades inhumanas.
Pocas criaturas podían sentir lo que él estaba experimentando en aquellos instantes. Lo disfrutaba al máximo, lo sabía. Estaba feliz, porque había tenido el Sueño. No había sido uno normal, al fin le había llegado el mensaje, su media naranja. Aún así le pareció extraño, puesto que había recibido poca información. Recordaba y recordaba unos cabellos verdes que se confundían con el bosque, estaba cantando, ¿o acaso era el sonido de los árboles? Poco le importaba a Relid, su canción era hermosa.
Había llegado el momento de abandonar su hogar y seguir el camino marcado por el Sueño.

En el otro lado del bosque, Folwas y Hairen estaban cobijándose de la fuerte lluvia por petición del humano. La ninfa estaba acostumbrada a esa fuerza del agua, pero el hombre había insistido tanto que le fue imposible soltar una negativa.
Hairen tocaba los troncos de los árboles, acercaba su oído a ellos y asentía. Escuchaba sus voces, escuchaba sus cantares. Folwas seguía a la ninfa, como había estado haciendo durante los últimos días. Su curiosidad hacia ella había ido en aumento y más cuando se percató de que quizá iba a encontrar objetos preciados durante su viaje. Cuando Hairen hablaba con los árboles, Folwas se apartaba, temiendo que su sola presencia causara interferencias o algo parecido.
Las gotas de lluvia comenzaban a hacer daño a Folwas, quien con su débil cuerpo humano, acostumbraba a estar en lugares con techo cuando sucedían esos fenómenos atmosféricos. Porque él no era un cazarrecompensas corriente.
Puede que por su aspecto no lo pareciera, pero antes de que naciera esa afición suya por la búsqueda de objetos inútiles para la sociedad se encargaba de la economía de un noble, un noble que vivía por el sur, donde todo era hielo. Con una paciencia pocas veces demostrada por los de su raza, Folwas trabajaba y sirvió a aquel noble desde su adolescencia y pronto, su cabeza se acomodó a esos complicados términos, a las complicadas operaciones, a la vida tranquila que poseían los nobles.
Había leído desde pequeño apasionantes novelas de aventuras, pero le aburrían y las leía simplemente para poder mantener conversaciones normales con las bellas jóvenes sirvientas del hogar del noble. Poco a poco, con el paso de los años, consiguió ahorrar un pequeño capital viviendo de forma austera. Se podría decir que Folwas era el segundo hombre más rico de la villa helada. Muchas de aquellas jóvenes sirvientas fueron tras él, tras su pequeña fortuna, sus ahorros.
En la memoria del hombre apareció la imagen de aquella bruja, aquella bruja que le había leído el destino. “Un objeto, dos objetos... Tres objetos. Para cumplir con tu misión necesitarás tres objetos. Necesitarás plasmar todo lo que sabes y más. Necesitarás viajar y aprender. Necesitarás encontrar tu verdadero hogar”. Hacía meses que Folwas no pensaba en aquellas palabras, y desde aquel momento se había dedicado en ir en busca de objetos despreciables, recorriéndose todo el sur y dirigiéndose hacia el norte.
Folwas estornudó por el frío y al fin entró en aquel árbol que les había permitido la entrada. La ninfa lo observó y silbó, silbó una canción que durmió al cazarrecompensas. Poco a poco en su mente se fueron formando palabras, como si en verdad la muchacha estuviera cantando.
Tierra árida, tierra triste.
Tierra con vida, tierra de mi alma.
Me plantaré allí
y moriré contigo.
Cuando Folwas despertó, Hairen ya no se encontraba en el interior del árbol. Estaba fuera, con los brazos extendidos hacia el sol, como si estuviera recibiendo su calor directamente. El hombre la observó maravillado. Con lentitud, Hairen fue adquiriendo una tonalidad cada vez más y más clara, su pelo se asemejaba a las hojas de los árboles y su piel blanquecina parecía haber desaparecido. Ella comenzó a respirar entrecortadamente y volvió a la normalidad.
-Perdona, estaba alimentándome.
Agarró la manta de lana que había adquirido por una estafa y se la enrolló por los hombros, como si de una bufanda se tratara.
-¿Continuamos?
Y los árboles les abrieron el camino hacia ninguna parte, porque después de todo, ellos no tenían idea alguna de su destino. ¿O quizás sí?  
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Sí, parecía que había abandonado el blog, pero ahora que he terminado PAU y tengo un verano por delante, por supuesto que lo voy a retomar!! Espero que disfrutéis con esta segunda parte donde se os presenta a un tercer personaje (ya está formado al trío protagonista). Por otro lado tengo una buena noticia que anunciar (más o menos xD): he ganado el concurso de relatos cortos de la revista de mi instituto... Era la historia de Calles de Londres, y aunque me hace ilusión verla en la revista, me habría hecho más ilusión haber ganado con Conversación entre un caballero y un soldado D: 
¡Saludos!
Espero que todo os vaya igual de bien que a mí :3

miércoles, 25 de abril de 2012

Crónicas de Ewal- El Árbol Milenario (I)



-¿Como que me pide tres monedas de oro por esta manta de lana? -Hairen tocó la tela, áspera, pero suficientemente gruesa como para cobijarla del frío-. Como mucho cuesta una moneda de cobre.


-Nos encontramos en una época extraña, bella joven. La mitad del rebaño de mi hijo desapareció, y la mitad de esa mitad murió debido a una plaga y... -el mercader hizo amago de continuar con sus explicaciones, pero Hairen le indicó con una mano que podía callar.

A regañadientes, Hairen sacó su saquito de monedas para colocar dos de oro sobre la mano del hombre. Antes de que se percatara de la falta de una moneda, Hairen agarró la manta descolorida y salió corriendo del mercado. Pudo escuchar sus maldiciones, pero ella pensó que no se podía estar más maldita de lo que ya estaba.

En aquel pequeño pueblo, el físico de Hairen no pasaba desapercibido. Después de todo, las ninfas no salían nunca del bosque, mandaban a sus sirvientes, los duendecillos, para las cosas que necesitaban. Sus cabellos verdes como la primavera, largos, recogidos en una larga trenza, ondeaban al compás del viento como si bailasen una preciosa danza. Sus ojos violetas, curiosos, observaban cada detalle de su alrededor y cuando se fijaba en un ser, parecía como si reconociera su propia esencia. Sus labios blancos, finos, se confundían con el resto de su piel, también blanca debido a su encerramiento en el bosque, acogida por las múltiples ramas de los árboles. Iba ataviada con telas marrones, que conformaban un traje cómodo y apropiado para el viaje al que se había visto sometida.

Continuó corriendo, como si aquel mercader hubiera decidido perseguirla. Mientras corría, metió aquella áspera manta que tanto la iba a proteger de la fría noche en su bolsa de piel. De la poca atención que estaba prestando, chocó contra algo muy fuerte, tan fuerte, que cayó al suelo de culo. Se percató entonces de que no necesitaba correr, no tenía prisa, había que llevar su viaje con paciencia y por éso, sin decir nada, se levantó y se quitó la arena que se había posado sobre su ropa.

-¿Se encuentra bien, dulce doncella? -el hombre le había tendido la mano, pero se había quedado con las ganas de tocar la suave piel de la ninfa.

-Sí, gracias caballero...

-¿Caballero? De eso nada -negó con la cabeza a la vez que se quitaba su sombrero viejo-. Verá señorita, soy un cazarrecompensas. ¿Le interesaría alguno de los productos que le pueda ofrecer? ¿Quizá un arma para hacer caer las hojas de los árboles? -preguntó mientras sacaba una extraña herramienta de un gran maletín.

-¿Y para qué quiero yo que las hojas caigan de los árboles? Me gustan dónde están... -respondió confusa Hairen.

Aquella pregunta pareció descolocar al cazarrecompensas, quien agachó la cabeza pensativo y guardó su extraño artilugio. Luego, volviéndolo a intentar de nuevo, sacó lo que parecía una lágrima de troll sujetada en un círculo de metal. Lo único que pudo hacer Hairen fue soltar un grito de sorpresa, de entusiasmo. Nunca, ni siquiera en el bosque había visto nada igual.

-¿Te interesa, eh? Lo encontré en un yacimiento al sur... Donde todo es hielo y...

-¿Para qué sirve? -lanzó la pregunta a la vez que observaba el objeto desde distintas posiciones. Hizo amago de tocarlo, pero enseguida, el hombre apartó el extraño objeto.

-Cuidado, cuidado... Verás, con ésto... -se colocó la lágrima de troll delante del ojo y éste repentinamente creció. Su ojo, de un color grisáceo, se veía grande, redondo. Hairen no pudo hacer otra cosa que aplaudir, como si todo fuera un espectáculo-. Puedo ver las cosas más grandes... -el hombre agarró una hoja del suelo y colocó el artilugio sobre él, mostrando todos los seres que habitaban en aquella minúscula hoja-. ¿Ves?

-Pero si quiero ver a esas criaturas, ¿no será mejor agacharme y observarlo por mí misma?

El cazarrecompensas se quedó sin habla de nuevo. La ninfa no se había percatado de ello, pero justo estaba haciendo las preguntas exactas para hacer callar a aquel rufián, ya que esos objetos no tenían valor alguno en la tierra que habitaban. Al ver que aquel humano no iba a seguir entreteniéndola, Hairen continuó con su paso tranquilo pero constante, siguiendo el camino que una extraña marca e su brazo le dictaba.

Pronto, el cazarrecompensas acompañado por la curiosidad, siguió desde lejos a la joven, preguntándose, lanzándose miles de teorías sobre su origen. ¿Acaso era una noble? ¿Una danzarina del lago? Lo desconocía, pero deseaba saberlo, no por atracción hacia ella, sino por su espíritu aventurero, que le impulsaba a explorar los nuevos e inexplorados rincones del mundo. A Hairen no le molestó su presencia, simplemente andaba y andaba hasta que salió de toda civilización y salió al prado sin caminos.

La joven paraba en pocas ocasiones para descansar, parecía impasible ante el calor, ante la luz procedente del cielo. Su apariencia no desmejoraba con el transcurso de los días, no como el cazarrecompensas, quien había descuidado su aspecto. Había veces que se quedaba dormido por la noche y tenía que seguir las huellas de la ninfa, descubrirlas entre la hierba y alcanzarla a grandes zancadas. Pero ninguno de los dos hablaban, ya que en realidad no viajaban juntos.

Pasó una semana y al fin el cazarrecompensas pudo sobrepasar a la ninfa de cabellos verdes. Cansado y entre gotas de sudor, le tendió su callosa mano.

-M-Mi nombre es... es.. Folwas -dijo entre jadeos.

-¿Y qué es lo que quieres?

-M-Me gustaría saber que... adonde te diriges más bien.

-¿Es que acaso tu destino no era el mismo que el mío? -preguntó inocente la ninfa a la vez que se quitaba un mechón verde del rostro.

-Soy un... un aventurero, así que si no te importa, me gustaría... acompañarte en tu viaje... -Folwas retiró la mano al ver que la joven no hacía amago de responderle al gesto.

-¿Tienes oro?

-¿P-Perdona?

-Yo me he quedado con pocos recursos y pronto tendré que comprar nuevos... -explicó con una nueva voz, casi hosca, casi como el temporal que se estaba acercando por la zona sur.

Y así fue el extraño comienzo de la relación de la ninfa Hairen y el cazarrecompensas de nombre Folwas. Pasados diferentes, razas diferentes, ¿un mismo futuro?
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Este es el spin-off de Historias de Ewal del que os hablé unas entradas atrás. No llevo mucho, pero viendo que no tengo mucha inspiración para escribir sobre mi vida o reflexiones, he decidido dejaros este spin-off. Sí, cierto, no colgué Historias de Ewal al completo, pero comprobé primero que los capítulos que subí aquí fuera el número suficiente como para entender el spin-off. De todas maneras, esta historia (como su nombre indica) se puede leer sin haber leído antes nada sobre Ewal.
En esta primera parte del spin-off (sí, serán cortas para hacer la lectura más sencilla y para ver si la gente se anima a leer D:) se presentan dos de los tres protagonistas. Una ninfa de la tierra y un cazarrecompensas de objetos inútiles. ¿apuestas para el tercer integrante de este extraño grupo? ¿Más apuestas para la misión que van a emprender?

jueves, 8 de diciembre de 2011

Libertad Mágica- Prólogo

Miro el agua, cristalina y pura. Miro el baile de las hojas, verdes y afilada. Camino por aquel sendero que aquel mago había creado para mí, para poder encontrarme a mí misma. Los pájaros dejan de cantar, lo único que se puede escuchar es la canción del viento y del agua. Cierro los ojos y continuo caminando por aquel sendero de piedras irregulares. Abro los ojos y me encuentro con la libertad, mi mundo interior y mi único ser...

Había vivido encerrada durante toda mi corta vida, en una celda oscura y maloliente. Nunca había visto la luz del sol, siempre me la había estado imaginando como una cosa maravillosa que te hace renacer una y otra vez. Mi día a día era el constante sonido del agua caer al suelo, así una y otra vez, hasta que los soldados del rey cerrasen el grifo por la noche para no desaprovechar más agua. Hacía ya unos días que les había escuchado a los soldados que el reino estaba viviendo tiempos de crisis. Yo en aquellos días no me preocupaba, ya que seguiría estando encerrada ahí pasase lo que pasase y sin conocer el pecado que había cometido.
Los primeros recuerdos que tenía era la eterna oscuridad en la que había estado viviendo durante todo este tiempo. Todo era una rutina para mí. Estar ahí postrada en mi celda maloliente, encadenada a la pared y esperando a mi ración de cada día. Tan rutina era para mí, que siempre adivinaba el día de mis castigos, los cuales consistían en hacerme profundas heridas en los brazos y piernas. Después de un largo tiempo de torturas sufridas y profundas lágrimas durante las noches, dejé de sentir dolor en aquellos miembros pero aún así sentía daño en los oídos cada vez que escuchaba a algún prisionero gritar de pavor.
El soldado de aquel día vino para traerme mi pan diario y mi jarra de agua, era lo que había ordenado el rey para mantenerme con vida, o era al menos lo que yo había supuesto. Fue en esos instantes que algo había cambiado en mi dura rutina, mi plato de cada día parecía ser el doble y mucho más apetitoso. Sin preguntar, comí lo que fue un manjar para mí con rapidez, bebí en dos tragos la jarra de agua y se la devolví al soldado. Él me miró con cara de pena, pero sin decir palabra, retiró el plato y la jarra de mi celda y se llevó todo aquello con él.
Fue irse él y llegaron compañeros suyos que abrieron la oxidada puerta de mi celda. Yo con cara confusa seguí sin preguntar nada. Mi hora de comer había terminado y jamás habían venido a por mí, ¿qué era lo que pretendían? La respuesta me vino enseguida cuando uno de ellos abrió los grilletes que encarcelaban mis pies y mis manos. Me las acaricié con delicadeza, hacía tiempo que no estaban libre y el frío de la celda me estaba haciendo daño a aquella parte de la piel. Les volví a mirar con confusión, pero en vez de responderme, me agarraron de mi recién muñeca liberada para arrastrarme hacia una sala alejada de las mazmorras sucias y pobres.
Pude ver a poca gente más como yo, al parecer era una de las únicas arrestadas en aquel horrible lugar. Al ver los rostros famélicos de los individuos que se encontraban dentro, temí parecerme a ellos. No era por el físico, sino por sus ojos, que expresaban unas ganas de morir inimaginables. Tragué saliva, no estaba acostumbrada a esas miradas, ya que siempre me torturaban dentro de mi celda y nunca había salido de mi celda.
Llegamos a una puerta diferente a las demás, como si fuera más grandiosa. Me agarraron aún más fuerte y me llevaron dentro.
-Aquí tiene a la joven, majestad... -fue lo que pude oír.
Me encontré repentinamente en la habitación más preciosa que habían visto mis ojos. Parecía estar hecha por unos materiales desconocidos para mí, resplandecía con luz propia -aparte de las velas que iluminaban la sala- y tenía un olor muy agradable, incomparable a la de mi celda. Y en el centro de la habitación de colores maravillosos se encontraba un hombre de edad mediana, de barba castaña y ojos del mismo color. Por unos instantes me parecieron cálidos, pero momentos después sus cejas se arquearon y mostraron su verdadera naturaleza. Fríos, calculadores y sin sentimiento alguno.
Alzó la mano y golpeó mi fina mejilla. De la fuerza, hizo que me cayese al suelo de rodillas con la cabeza hacia un lado. Me toqué la zona golpeada, tenía unas ganas de llorar enormes, desahogarme por todos aquellos años de aprisionamiento. Pero no pude, porque después aquel hombre me agarró del cuello de mis harapos y me gritó a la cara:
-¡Tu madre nos prometió que si te manteníamos con vida, mi reino seguiría en pie! ¡¿Por qué está sucediendo esto?! ¡Ahora mismo vamos a ser invadidos por el reino enemigo!
Y me empujó hacia atrás con una mayor fuerza que antes. Caí de espaldas y solté un pequeño quejido ante el golpe. Miré a los soldados, quienes estaban de pie, mirando a un relativo horizonte, no pararían a aquel hombre... Después de todo era una prisionera más de aquellas mazmorras.
-¡Pero gracias a eso ya lo sé! ¡Ya nunca más volveré a confiar en una bruja! ¡Debería haberte llevado a la hoguera junto a tu madre! Vosotras hijas del diablo... No merecéis vivir...
Comencé a prestar atención a las palabras de aquel hombre. Mi madre... Nunca había llegado a pensar en que hubiera tenido una madre. En algún momento lo había pensado, pero el sueño se me fue de la cabeza al observar de nuevo en el lugar en el que me encontraba. Había tenido una madre después de todo... Y que aún encima se había preocupado por mí. Salí de mis pensamientos, ya que aquel hombre había sacado una daga de su bota y parecía estar dispuesto a acabar conmigo, su mirada lo decía. Nunca había visto tanta desesperación en un hombre, aunque era cierto que yo había vivido poco la vida. Cerré los ojos, intentando oponerme al daño que iba a sufrir dentro de poco.
Pero nada ocurrió.
Abrí los ojos y me encontré con que otro hombre, que parecía de la misma edad que el otro, estaba sujetando la mano del que me iba a hacer daño fuertemente. Mis ojos se abrieron de par en par, tenía una melena que le caía por los hombros negra como la oscuridad, sus ojos que se encontraron con los míos eran de un verde precioso, el primer verde amable que veía en toda mi vida.
-¡No dejaré que te lleves la vida de la hija de Agatha! -y tras decir éso, soltó la mano de aquel hombre malvado y se dirigió a mí.
-¡Atrapadle! ¡No dejéis que escape ese traidor!
Los soldados se movieron demasiado tarde, ya que mi salvador y yo -agarrada de su gran mano- ya estábamos saliendo de las mazmorras. Todo era oscuro y confuso, como la situación. Entonces de repente, el hombre dijo:
-Tranquila, estamos a punto de salir.
Y fue cuando vi por primera vez la luz del sol. Cerré por unos instantes los ojos por la cantidad recibida, era hermosa, muy hermosa. Caí de rodillas ante la hierba y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Era diferente a mis sueños, mucho mejor podría decir.
Me fijé entonces, en un precioso castillo que estaba detrás nuestra. Era del que habíamos escapado. Tan precioso por fuera, tan siniestro por dentro. Eran como los ojos de su dueño, agradables por un instante pero tenebrosos instantes después. Era alto, hecho de piedra, pero no quise fijarme más en la estructura ya que prefería apartar aquella imagen tan infernal para mí de mi mente y proseguí con mi desahogo.
Sentí daño repentinamente en todo mi cuerpo a causa de aquella libertad tan rápida, aún así me mantuve de pie la mayor parte del tiempo.
El hombre esperó hasta que la última lágrima dejase mi rostro, para después cogerme de brazos y comenzar a correr para salir para siempre de aquel horrible reino. Su pecho era cálido, y el sonido de su corazón era rápido pero acompasado. Caí en el sueño donde allí me lo explicó todo...
-Wrenna me estoy comunicando contigo a través de tus sueños. Sé que tienes mucho por preguntarme, pero por favor déjame contarte lo más importante de todo esto.
“Tu madre, conocida como Agatha la bruja del bosque, fue cazada por la Inquisición pero el rey al saber cuán poderosa era, hizo un trato con ella por el temor a sus poderes tras la muerte. Su trato fue que te dejara vivir a ti, hija de Agatha, hija de la bruja del bosque. El rey sólo cumplió con una parte del trato, ya que conozco en la situación tan penosa en la que has tenido que vivir. Por esa razón ya no podía esperar más y he decidido sacarte de allí.”
“Verás yo era el sirviente más allegado del rey, pero a la vez era un buen amigo de tu madre. El ver en el estado en el que te mantenía el rey… No sabes cuantas veces he tenido unas ganas tremendas de sacarte de allí, pero no podía, todavía no.”
“A partir de aquí, puedes comenzar a preguntarme todo lo que desees…”
-¿Quién eres? -pregunté en mi sueño.
-Tengo distintos nombres… Será mejor que me llames por mi más reciente nombre, Brian el mago.
-¿Entonces no volveré a las mazmorras?
-No, nunca más. Se me olvidó comentarte que hice un juramento con tu madre en el cual, prometí protegerte costase lo que costase.
Después, no me sentí con más fuerzas de seguirle preguntando a Brian, y al parecer él lo notó porque mi sueño se transformó por completo y recorrí mis memorias de mis años anteriores.
Temí adentrarme en la oscuridad que ha envuelto por completo mi vida, pero por sorpresa mía, soñé con una mujer de cabellos rubios lisos y largos. Ella me sonreía y me llamaba por mi nombre.
Sin dudarlo, corrí hacia ella y la abracé con fuerza. No la conocía de nada, pero había una relación entre las dos que sobrepasaba incluso a la muerte. Ella respondió a mi abrazo con otro más cálido aún y después se separó de mí. Alzó mi barbilla para observarme mejor, sonrió y me volvió a abrazar.
-¿Mamá? -dije con un hilillo de voz.
Ella me respondió con una caricia en mi pelo enmarañado.
Entonces, deseé no despertarme nunca. Era feliz. Estaba llena por dentro.
Toda mi vida había dado un giro inesperado, y ahora me había encontrado con una persona que daba por perdida y desconocida para mí.
-Wrenna, trabaja duro a partir de ahora ya que yo te estaré observando desde ahí arriba.
-¿No hay infierno para las brujas como dicen?
-No, hay un gran espacio para todos… Ya que todos somos iguales.
Y abrí los ojos para encontrarme con el rostro preocupado de Brian.
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Se me ha ocurrido enseñaros el prólogo del proyecto de fantasía "secreto" que comencé hará un año y que abandoné en junio de este año. Escribí 12 capítulos, los cuales no abarcan ni la mitad de la historia. ¿Por qué la abandoné? Pues porque sin quererlo, la protagonista [spoiler]se enamoró[/spoiler] y la historia dejó de ser entretenida y fácil de escribir a partir de ahí. No me arrepiento de haberlo escrito, quizás algún día la acabe, pero lo dudo xD
Aún continuo con la historia de fantasía "más oscura" de la que os hablé entradas atrás (incluso dejé un pequeño spoiler). Está parada debido a los exámenes y porque estoy con otra historia (que espero acabar en Navidad), y además que quiero leerme primero unos libros que espero me ayuden a desarrollar mejor esta historia llamada La metáfora del hada.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El Cambiador de Recuerdos

Donde Edward vivía, siempre llovía. No recordaba ni un solo día en el que el supuesto sol hubiera hecho escena, colándose entre las nubes negras que siempre gobernaban el cielo de su ciudad. A causa de éso y otros más, Edward odiaba la ciudad. Grande, con edificios que intentaban alcanzar las nubes e ir más allá y un ruido insoportable que despertaba al chico en mitad de la noche.
Se encontraba sentado en su silla, como siempre, observando como las gotas de agua caían sobre su gran ventanal. Él vivía en el vigésimo piso, alejado de las gentes de las calles. Los plebes, como le gustaba llamarlos a su madre. A pesar del desprecio que sentía la mujer que le dio la vida hacia los plebes, la gente que vivía a ras del suelo y que no eran como Edward, él los envidiaba. Los envidiaba con toda su alma.
Después de todo, ellos tenían unas piernas con las que podían desplazarse. Edward, en cambio no. Había nacido con aquellas piernas atrofiadas, desechables. Tuvo una infancia más o menos feliz, viviendo en el campo junto a su madre y a su padre; pero cuando su padre desapareció sin dejar rastro, toda la vida de Edward cambió por completo. Su madre, desesperada y sin saber cómo afrontar la nueva vida con un hijo paralítico, decidió que lo mejor para su educación sería mudarse a la gran ciudad.
Fue un cambio radical para el joven en silla de ruedas. Donde él había pasado la mayor parte de su infancia, era un lugar feliz, y sobretodo soleado. Lejos del pobre desarrollo que había sufrido el campo, el muchacho a pesar de su condición física, había sido feliz allí. La ciudad no tenía nada que ver con el sitio idílico de Edward. Tecnociencia, desarrollo y religión. En cuanto observó aquellas nubes negras, miró a su madre y le dijo que había cometido un error. Su madre simplemente hizo oídos sordos y le abrió las puertas a su nueva casa.
Después vino el desagradable descubrimiento. Allí, él podía conseguir unas piernas nuevas con las que andar por aquellas calles, circuladas por coches con ruedas y personas normales. Su madre se negó rotundamente.
-¿Para qué quieres unas piernas? ¿Acaso para comportarte como los plebes? Tengo pensada una vida mucho mejor para ti, no quiero que la destruyas con un estúpido sueño -recordó como su madre le acarició ambas piernas, siempre lo hacía y nunca sentía nada.
La desaparición de su padre había afectado mucho a la mujer que le había dado la vida. Antes era honesta, sincera, con sueños y esperanzas, y lo más importante, bastante humilde. Todas las noches, antes de irse a dormir, ella le leía un cuento infantil, y siempre era diferente cada noche. Recordaba como su cabello rubio era iluminado por la luz de la luna, Edward le gustaba compararla con una princesa. Después de lo su padre y la admisión en su nuevo trabajo en la ciudad, aquella mujer que había criado a Edward con amor y respeto desapareció por completo. Él pensaba a veces que se había marchado a buscar a su padre en verdad. Se convirtió en una mujer que no respetaba a los inferiores, y que solamente podía pensar en ella y en su hijo.
Edward sabía que su madre de verdad no hubiera permitido que su hijo hubiera perdido la oportunidad de aprender a andar. Por culpa de sus atrofiadas piernas, su madre no pudo experimentar las situaciones primerizas de una madre corriente. Tuvo que sufrir más que aquéllo.
-Yo no quiero otro hijo Tom.
-P-Pero, ¿por qué? Cuando nos casamos tú dijiste que quería ver como crecía tu hijo, enseñarle a andar, correr, jugar con él al fútbol y baloncesto. ¿Acaso quieres perder todos tus sueños?
-Mi sueño ahora es que mi único hijo tenga una vida plena a pesar de su defecto. ¿Tú sabes como se sentiría Edward al tener a un bebé berreante con dos piernas que pueden caminar?
Aquella conversación ocurrió entre sus padres un mes antes de la desaparición de su padre. Para entonces, Edward tenía seis años.
Habían pasado demasiados años desde entonces, y se encontraba allí de nuevo, como en tantas otras ocasiones, observando la fría lluvia que todo se llevaba. Suspiró y escuchó el ruido de la puerta de entrada. No podía ser su madre, no era la hora de su llegada.
-¿Quién es? ¿Madre, eres tú? -preguntó sintiéndose al mismo tiempo estúpido.
Repentinamente, una sombra apareció detrás de él, a lo que tuvo que responder con un rápido movimiento de su silla de ruedas para poder encontrarse cara a cara con su invitado. Era un hombre, el cual rondaba los treinta años. Su rostro era fino, blanquecino, con ojos azul oscuro. Llevaba como vestimenta unos vaqueros y una sudadera negra, con la capucha sobre la cabeza. Edward no lo conocía, pero por su aspecto podía deducir que pertenecía a los plebes.
-¿Q-Qué hace usted aquí? ¿Cómo ha entrado?
-Ninguna cerradura se me resiste, ni siquiera las más modernas.
-¿Es un ladrón?
-Oh sí. Si fuera un ladrón te habría dejado inconsciente antes de que pudieras verme la cara. ¿Sería bastante estúpido, no? No, yo soy algo mucho más siniestro que éso. Pertenezco al mismo gremio que ésos que roban objetos ajenos.
-¿Un asesino? -se atrevió a preguntar el joven.
-A veces se me considera así, ya que mato a la persona que antes habitaba en el cuerpo y la cambio por completo. Soy un cambiador de recuerdos, o para decirlo de forma más sencilla, un ladrón de recuerdos. Y hoy he venido a por los tuyos.
El hombre dio dos pasos hacia Edward. Estaba acorralado, o iba a por el hombre o al ventanal, con una caída suicidia de veinte pisos. ¿Qué podía hacer?
-¿Por qué?
-Quiero ahorrarte todo el sufrimiento por el que has tenido que pasar. Lo sé. Si tuvieras dos piernas sanas saldrías corriendo, pero el destino ha decidido ponerte este castigo. No huyas. Si acabas de esa manera, no tendrás otra salida.
-¿Qué otra salida me queda?
-Dejar que succione tus preocupaciones y sueños, y que comiences una nueva vida desde cero.
-Entonces dejaré de ser yo. No entiendo nada... Aún así, tengo miedo.
-Un chico sincero, después de todo. Igual que tu padre...
Edward sintió un cosquilleo por toda su espalda. Quería poder levantarse, abalanzarse sobre ese hombre y exigirle respuestas.
-Él no os abandonó, como tu madre y tú pensáis. Estaba amargado, a punto de suicidarse. Él no era tan fuerte como tu madre. No podía soportar el tener un hijo paralítico. Por eso le di la oportunidad de olvidarlo todo y empezar de cero, y aceptó.
-Nos abandonó después de todo... -admitió Edward. No se lo podía creer. ¿Por qué aquel hombre no acababa ya con su sufrimiento? ¿Por qué le contaba todo aquello?
-Quiero darte una oportunidad. Morir u olvidarlo todo, no puedo dejarte en ese estado. Aunque creo que ya has escogido...

En las calles de la ciudad, había una mancha de sangre y un cuerpo completamente destrozado. Parecía haber caído del cielo. Era un suicida, un cobarde. Mientras la lluvia caía, los policías y las ambulancias conducían hacia el trágico accidente, provocando aquel ruido tan molesto.
Edward se encontraba en su silla de ruedas, observándolo todo. Había caído de ella, pero había conseguido levantarse. Estaba solo, desorientado. Entonces, la puerta se abrió con una voz que le llamaba. Sabía que él era Edward.
-Edward, ya estoy en casa.
Era una mujer, ataviada de forma muy elegante pero con un peinado espantoso. Parecía bastante estresada, pero en cuanto vio la sonrisa de su hijo, se sintió mucho más feliz.
-He intentado huir, pero no he podido. ¿Quién eres tú? -preguntó Edward cuando su madre la abrazó. Hacía mucho tiempo que la mujer no había visto aquella sonrisa en su hijo, por lo que no se dio cuenta en la pregunta que acababa de hacer.
Él hizo su elección, pero no pudo marcharse, tal y como había hecho su padre tiempo atrás. No porque no quisiera, sino porque no podía. Aquellas piernas atrofiadas habían marcado su destino y los otros, después de todo.

Existía una silueta en los altos edificios de la ciudad. Él los saltaba como si no fueran nada en realidad. Vestía ropa de plebe, pero era algo mucho más poderoso. ¿Tendría nombre acaso? ¿Familia? ¿Amigos? Se desconocía todo de él. Entonces, una gota cayó sobre su mano extendida y en ella metió los recuerdos de aquel joven paralítico. Nadie se preocupaba por ellas y tenían una vida muy corta.
Apartó la mano y dejó que la gota continuara su camino.
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Un texto surrealista que quería compartir con vosotros. Lo acabo de escribir, y tenía como banda sonora una de las lluvias más largas de este verano. Como siempre, he cogido el tema de los recuerdos y los sueños. Que se le va a hacer, me encantan ^^ (Veáse el Mar de los recuerdos o Ánima). Es algo más largo que Hermanos (un relato que nació de la misma manera que éste) y que sin duda me encanta. Éste ha quedado algo más extraño, aunque me gustaría escribir algo más sobre este hombre tan extraño que roba los recuerdos de los demás ^^
Espero que os haya gustado D: En la próxima entrada prometo continuar con Las series de mi vida xD

sábado, 20 de agosto de 2011

¿Qué os parece?

Era la segunda vez que Amela entraba en aquella casa. La primera vez había sido cuando la tía de Cyara -cuyo nombre no recordaba, algo muy extraño- la había abandonado. Aún recordaba la carita triste de la niña pequeña, quien sentada sobre el suelo, observaba la cama de su tía, esperando a su regreso. Cuando ella percibió que había alguien más en la casa, lo primero que dijo fue:
-¿Tía? ¿Eres tú?
Pero cuando dirigió su mirada y se dio cuenta que Amela no era su tía, volvió a mirar a la cama, de nuevo, esperándola. Amela anduvo lentamente hacia la pequeña niña. No lloraba, ni parecía que lo fuera a hacer. Cuando Amela se sentó a su lado, ni siquiera la miró. Toda su atención estaba concentrada en la cama vacía de su tía.
-Tu tía no va a volver cariño.
-¿Y por qué no? ¿Qué ha pasado?
La mujer quería responderle, pero no podía. Conocía las razones de su tía, aún así, no era el momento apropiado para decírselo.
-Ella me dijo que no confiara en nadie. Y yo la defraudé. Porque yo confié en ella.
Amela aún podía recordar las tristes palabras de la niña, y recordaba perfectamente la lágrima que recorrió su blanca mejilla. Una lágrima que nunca antes había visto en la niña y que nunca más podría volver a ver.

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Un fragmento del segundo capítulo de La metáfora del hada (el nuevo proyecto de fantasía, y sí, más oscuro que Libertad Mágica, no os guiéis tanto por el título). Esta historia la estoy llevando con mucho entusiasmo, bastante fácil de escribir y casi completado el esquema de todos los capítulos (más de 30). Espero que este no acabe como Libertad Mágica, es decir, en el cajón de las historias olvidadas.
¿Opinión?
PD No os diré la trama de la historia è_e Intentad advinarla :D

lunes, 14 de marzo de 2011

Conversación entre un caballero y un soldado



Los cascos del caballo chocaban contra la tierra muerta. No galopaba, pero seguramente desearía hacerlo ya que el lugar en el cual se encontraban él y su dueño no era para nada agradable.
El pueblo despedía olor a muerte, a masacre, pero aquello no afectaba al ya no tan joven caballero Joslin. Caminaba sobre sus propios pies, portando las riendas de su caballo en una mano y la otra acariciando sútilmente su espada Ama.
No parecía haber superviviente alguno, y lo que era más importante, víveres que poder comprar o simplemente coger para su larga travesía.
-Las guerras son horribles… -Joslin casi podía escuchar los gritos de la gente cuando los Soldados habían llegado.
“¿Qué es la vida?
Todavía no lo sé, Elisia.”

Entonces un ruido se produjo justo detrás de él. Con sumo cuidado, desenvainó a Ama y se acercó al que probablemente sería el origen del sonido. Respiró hondo y cortó las telas que cubrían a una persona. Era un joven, muchas estaciones más joven que Joslin y por su cara de sufrimiento, el caballero dedujo que estaría herido. Intentó ir en su ayuda, pero la imagen del escudo de armas que llevaba bordado sobre su pecho hizo que Joslin se echara atrás. Era un Soldado, una de las personas que habían destruido el pueblo y otros muchos.
Joslin le miró desafiante y alzó su espada, apuntando a su pecho.
-Decidme una buena razón por la que no debería acabar con vos.
-Hacedlo, si tenéis el orgullo y el valor para hacerlo. Ya he dejado de ser una herramienta para proteger mi reino, por lo tanto matarme sería el mejor regalo que me podríais hacer, caballero.
-¿Qué es lo que os ocurrió?
-Un error que cometí al apiadarme de un joven –el Soldado apartó la mano de su estómago, el cual estaba presionando con fuerza.
-No estoy de acuerdo con vos. Creo que es un castigo por los errores antes cometidos –dijo Joslin completamente convencido.
-¿Vos lo creéis? Después de todo, mi vida iba a llegar a su fin de un modo u otro –soltó un pequeño quejido de dolor.
Al haber comprobado su estado, Joslin descendió a Ama y se acercó más al joven para intentar curarle aquella horrible herida. Se repetía a sí mismo que debía dejarlo morir, pero su cuerpo no le obedecía.
-No, dejadme. Mi honor me impide aceptar vuestra ayuda.
-¿Desde cuándo los de vuestra calaña tenéis honor? El honor lo perdisteis en cuanto blandisteis vuestra espada contra una persona inocente.
-No necesito excusarme con vos, caballero. Haced lo que deseéis hacer.
Joslin tocó suavemente la herida de su estómago.
-Buena pinta no tiene.
-Ese endemoniado adquirió buenos reflejos en cuanto dudé. No le culpo, yo habría hecho lo mismo en su situación.
-¿Por qué luchabáis? ¿Por honor?
-No. Yo peleaba por mi pueblo, por mi reino. Sabía que nunca podría formar una familia, pero aún así me sentía orgulloso de poder derramar sangre por mi pueblo.
-¿Peleabáis sin conocer el motivo de la guerra? ¿Nunca habéis pensado de que vos podíais estar siendo utilizado por vuestro rey?
-Siempre lo supe, desde el momento en el que hice mi juramento como Soldado. ¿Acaso vos no tenéis un sentido en vuestra vida? –respondió casi sin pensar el joven.
-Lo tenía y me lo arrebataron.
-En estos momentos siento lástima por vos…
El joven sonrió observando al anonadado caballero, para después morir con una inspiración infinita. Joslin se sintió impotente, agarró a Ama lo más fuerte que pudo y le atravesó su corazón ya muerto. No enterró siquiera al Soldado, lo dejó como el despojo que era.
Al no encontrar rastro de vida en el pueblo, cogió los pocos alimentos que quedaban allí y se marchó montado en su caballo.
“¿Qué es la vida?
Es servir a tus principios y deseos, Elisia.”
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Una reflexión que escribí hace una semana y que además tenía como objetivo ser presentado al concurso de la revista de mi instituto, pero resulta que es menos de 500 palabras y este es de 650 xD Válgame Dios, si no lleva chicha! D': Espero que os haya gustado y tal vez, dentro de unos meses volváis a leer algo de Joslin (todavía no, que estoy con Ánima y Libertad Mágica).
Nos leemos!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Cumpleaños/El Desamor de Jaume

Bueno, como muchos habréis sabréis, el día 10 de este mes fue mi cumpleaños y nada, que cumpli 16 años xDD Lo primero que pensé fue "puedo trabajarrrl" xD El día ocurrió normal, con varias felicitaciones de mis amigos y una visita al dentista. Lo más gracioso ocurrió al día siguiente, ya que fue cuando recogí mi graduado (ahora sí que puedo trabajar xDDDDD). Y nada, toda mi vida transcurre como si fuera una espiral infinita, pero que sin embargo, es finita...

También la novedad es que al fin tengo la tableta *OOOO* He estado practicando cuando tenía tiempo libre, y ahora estoy intentando inspirarme con un manga/anime que acabo de descubrir (Yozakura Quartet, el autor es el diseñador de Durarara!). Me encanta el estilo y me gustaría acoplarlo un poco al mío (sobretodo al hacer el pelo y los ojos *babas*).

¿Qué más os puedo contar? Estoy escribiendo menos, of course, ya que entre que tengo que estudiar el doble y el poco tiempo lo aprovecho para dibujar la inspiración se marcha, queráis o no xDD Pero bueno, sigo intentándolo y de momento acabo de retomar la historia del Cegato, la cual me está quedando bastante bien pero un tanto larga (más de 6000 palabras y aún por el nudo de la historia ^^U). ¡Ah sí! También tengo en mente comprarme mañana un par de libros (Canción de hielo y fuego, recomendados por Kami y el final de la trilogía de Crónicas del Mundo Emergido).

Creo que es todo por hoy... ¡Ah no! El día 27 voy a celebrar mi cumple e_e e invitaré a mis amigos al cine a ver la de HP7, será duro esperar a verla después de una semana de ser estrenada, pero hay que ser fuerte, vaya que sí!

Os dejo con un relatillo corto que hice mientras estudiaba valenciano ;D (sí, he roto mi promesa de no colgar nada hasta no haber acabado ánima).
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El desamor de Jaume

¿Cómo había llegado a aquella situación? Era la única pregunta que rondaba por mi cabeza. Los momentos pasados desaparecían en mi mente y la imagen grotesca que tenía delante era lo que captaba toda mi atención.
Estaba completamente atrapado. Pero esta vez no era por las cuerdas del amor, sino más bien, por unas cuerdas bien reales que me ataban a una silla un tanto incómoda.
-Oh trobador, hacedme el favor de cantarme una canción…
-Me encantaría poder cantarle a vuestra persona -completamente mentira- pero para eso necesitaré mi carboncillo y mi hoja para poder comenzar a componer.
-Si así me componéis una canción, así haré…
La joven dama salió de su habitación en busca de mis objetos personales. En realidad, no necesitaba para nada todo aquello, pero tal vez pudiera escaparme de aquella comprometida situación en la cual me había metido. Intenté aflojar las cuerdas que me apresaban, pero nada. Estaba cada vez más asustado.
¿Cómo podría yo, Jaume de Gàbia, componerle una canción a semejante esperpento?
Todo había sucedido esta mañana, cuando me dispuse a salir de mi hogar para inspirarme y pensar en mi verdadera amada. Mi plan era componer hasta el mediodía en el prado y después hacer algunas compras en la ciudad de Valencia, y de camino a mi ciudad fue cuando me encontré con Gabriela de Alcoi.
En un principio me asusté, pensaba que Dios no podría haber creado semejante monstruo. Yo tenía la concepción de que todas las mujeres eran bellas -cada una a su estilo- unas más que otras, pero Gabriela… Gabriela no tenía nada de hermosa. Gabriela era una noble del pequeño pueblo de Alcoi que habíha venido junto a sus padres a visitar lo que era hoy en día el centro de toda la economía y sociedad, además de asistir al concurso de canciones al cual yo pretendía presentarme.
Su reacción fue completamente opuesta a la mía. Ella se maravilló al verme y por decirlo sútilmente, me agarró del brazo y me arrastró hacia el castillo que había alquilado su familia. Desde el mediodía me ha tenido retenido.
Desea que le componga varias canciones, con un señal y todo. Pero no puede ser. Porque yo ya he escogido a mi amada, a la mujer de la cual me inspiro, a la mujer la cual pienso que es perfecta.
Los cabellos rubios oscuros de Gabriela se veían desde el fondo del pasillo. Comencé a asustarme, no podía escapar después de todo. Entonces, mientras venía, me fijé en como el vestido escondía a presión su… ancho cuerpo. En un momento u otro aquello desaparecería, dejando a la noble completamente desnuda y a mí con una imagen horrible durante el resto de mi vida.
Me agarró con sus enormes brazos y me volvió a suplicar por la canción. Yo, con voz temblorosa seguía diciéndole que no podía. Pero esta vez no tenía la capacidad de poner más excusas, ¿cómo podría escapar pues? Pensé en mi dulce amada y dejé que todo fluyera…
-Oh bella amada mía, vos que sois el alimento mío de cada mañana, vuestro aliento es lo único que necesito para respirar y…

domingo, 18 de abril de 2010

Hermanos

Una historia que llevaba en mente varios días y que al final la he pasado a ordenador. Me hubiera gustado extenderme más, pero no quería hacer una historia larga como la de sci-fi, se haría pesada y además tendría que presentar a muchos personajes y evolucionar la trama.
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Aquel día iban cogidos de la mano. Sus rostros sombríos miraban fijamente el suelo como si éste le fuera a dar las respuestas y no los mayores. Ellos dos nunca se habían llevado bien, por lo que les resultaba extraño a sus conocidos verles cogidos de la mano, aunque después de pensar en lo ocurrido lo comprendían perfectamente.
Era un día de invierno frío y por esa razón, ellos dos llevaban sus chaquetones y las capuchas puestas, para que el frío no penetrara en sus pequeñas orejas. Toda la gente estaba reunida en la gran catedral, con su rosetón de cristales de colores y sus ventanales gigantescos. Aquel día era diferente, ni una mota de luz traspasaba el rosetón y no se podía observar la belleza de la catedral a simple vista. Todo estaba iluminado con velas perfumadas. Algunas olían a jazmín, otras a canela, pero a ellos dos no les gustaba que en el entierro de sus padres hubieran puesto aquellas velas, les parecía una ofensa a su muerte.
Aunque fuera un entierro, el silencio no reinaba en la sala. Estudiantes de sus padres lloraban desconsolados por ellos, vecinos cotillas susurraban entre sí preguntándose cómo podía haber ocurrido semejante tragedia justamente cuando mejor llevaban sus vidas y estaban aquellos familiares que nunca apreciaron a sus padres y que solamente estaban en la ceremonia por evitar los rumores sobre su “mala relación”.
Ellos dos se agarraron aún más fuerte de la mano al sentir el aliento fumador de su tío abuelo en su nuca. Había fumado antes de entrar en la catedral, o quizá se había tomado su último cigarro cuando había ido un momento al baño. A pesar de haberse llevado tan mal durante todos estos años, ahora solamente se tenían el uno al otro. A pesar de ser hermanos con una diferencia de 10 meses respecto del otro, nunca habían sentido aquella relación especial que sentían los hermanos, nunca les había unido nada, hasta ahora. Ellos dos sabían lo que les iba a ocurrir tras aquella ceremonia. La hermana de su padre había conseguido la custodia de los dos hermanos, pero no porque fueran sus sobrinos, sino porque el Estado le enviaría ayudas para poder criar a aquellos dos mocosos.
Toda la tecnología del exterior, se perdía en aquella gigantesca catedral. Había una leyenda que contaba que, ningún aparato tecnológico funcionaba en los sitios religiosos, algo que se descubrió tiempo después. Muchos informáticos intentaban encontrar la solución a aquel extraño problema, pero nunca lo conseguían. Ellos dos sabían de dónde procedía aquella barrera anti-tecnología. Lo notaban, lo sentían en su propia piel, un poder tan grande que muchas veces hacía que temblaran. La hermana comenzó a sentir arcadas debido a aquel poder, el hermano no se preocupó para nada por ella, simplemente siguió sujetándole la mano para que al menos supiera que por ahora no se iba a ir de su lado.
El hermano alzó el rostro lentamente al oler el perfume de una alumna de su padre. Estaba delante del ataúd de él, llorando por él amargadamente. El chico siempre se había sentido atraída por ella pero su hermana ya le había dejado claro que no estaban hechos para estar juntos. Aún así, no podía evitar mirarla. Con su delicada mano, dejó una rosa negra en el ataúd y se volvió corriendo al bando donde estaba sentada, junto con sus amigas y sus familiares.
Entonces, sintió envidia por ella y por todo el resto del mundo.
Él no tenía nada. No tenía en quién apoyarse. No tenía con quién divertirse. Solamente tenía una hermana a la cual odiaba profundamente y sabía que el sentimiento era mutuo. Sin embargo allí estaban ellos dos, cogidos de la mano.
Ellos dos temían por su futuro incierto.
-¿Por qué toda la familia está podrida? -era lo que siempre preguntaba su hermana mayor a su madre.
La madre nunca le supo dar una respuesta clara, ya que a pesar de que ellos los odiaran, la madre era incapaz de odiar a alguien quien portaba su misma sangre. Ellos dos en su interior, sonrieron al recordar la imagen de sus padres.
La campana comenzó a sonar repentinamente, anunciando que la ceremonia acababa y con ella, la poca libertad que habían conseguido los hermanos. Ellos dos no guardaban sentimientos bondadosos hacia nadie, exceptuando a sus padres. Ellos dos odiaban al resto del mundo por ser incapaces ellos de quererse mutuamente. Por sus rostros cabizbajos se pudieron asomar unas lágrimas que iban a la misma velocidad a pesar de estar en distintos rostros. Se levantaron del banco, se soltaron de la mano y al notar que les faltaba algo, volvieron a cogerse de la mano.
Se odiaban.
Pero se necesitaban.
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Raro, no?

lunes, 12 de abril de 2010

La noche es una fieshhhta XD

Bueno, he regresado, y por eso os dejo con este One-Shot bastante cortito que he escrito en mi soledad en Campello ante la necesidad de conectarme a internet y no tenerlo (tristee D=). Además de este, aún tengo que terminar uno de sci-fi (que supera ya las 5000 palabras =D) y he escrito un capi más de mi proyecto secreto (jejeje).

Espero que os guste esta historia corta de un amor un tanto peculiar y que se me ocurrió tras pensar en que nunca había escrito nada que tocara este tema =D

Que disfruten ~~


El sitio estaba lleno de luces de distintos colores y bailando bajo esas luces, la gente de distintas edades cantando o gritando. Yo estaba apoyada en la barra con un cubata sin empezar siquiera. Hice que el líquido cayera sobre la servilleta para yo observar su movimiento. Cuando ya empecé a notar que el cubata ya se iba cayendo por la barra, mojando mis vaqueros, lo coloqué en su posición del principio. Giré sobre mí misma gracias al taburete y observé las caras felices de la gente, se divertían, en cambio yo no.
No sabía por qué estaba allí. Aquel no era mi sitio.
Quizá hubiera entrado en aquel local para llorar la muerte de mi padre, o quizá para desahogarme por la ira que sentía hacia mi madre o quizá para volver a preguntarme dónde se encontraría mi hermano desaparecido. Apoyé la barbilla sobre la barra para observar de nuevo el vaso de plástico, tragué saliva y bebí de sopetón toda la bebida que quedaba. En un principio, no sentí los efectos alcohólicos en mi cuerpo, pero más tarde, allí sentada, mis piernas querían salir a bailar con la demás gente.
Me moví tanto como mi cuerpo me lo pedía, no me sentía libre como quería sentirme, ya que en mi interior seguía estando aquella agonía. Todo lo restante a esa noche tan “colorida” se encuentra borroso y confuso en mi mente. Solamente podía recordar la imagen de una mujer de cabellos rubios, quien inexplicablemente, me abrazaba.

Sus brazos ágiles y fuertes me quitaron el sujetador con furia. Su aliento denotaba por el alcohol, estaba borracha, lo supe desde el primer momento en que la vi. Pero un sentimiento extraño me había invadido al verla, su cara era triste aún habiendo bebido tanto. Comenzamos a bailar como todos en la discoteca y surgió allí el agarre de manos, el acercamiento de cuerpo y repentinamente la llevé a mi apartamento. ¿Qué se me había pasado por la cabeza? Aquella noche era como otra cualquiera y debía ponerme a trabajar con hombre, quienes me contrataban pidiendo lo que quisieran. Pero allí estaba con ella en la cama. Ella, una chica cuyo nombre desconocía, totalmente desnuda debajo mía; y yo, con mis vaqueros aún puestos pero lo restante al desnudo.
Me repetía una y otra vez que ella no era un cliente y que los beneficios de esa noche los iba a perder. Entonces, las caricias sobre mi cuerpo hicieron que aquellas palabras desaparecieran de mi mente, concentrándome solamente en el tema. La besé, ella me volvió a besar y entonces noté las lágrimas que salían de sus ojos, en cambio no paró, prosiguió y con más fuerza. Gemíamos casi al unísono y lo demás sigue borroso…

Seguía soñando con ella todas las noches desde aquella vez en la discoteca. La primera vez pensé que había sido por efectos de los cubatas que bebí, pero con el paso de las noches se volvía más y más nítido el sueño y llegué a la conclusión en que ella era de verdad.
Bebí de mi taza de café mientras tecleaba en el cibercafé. Tal vez en internet pudiera encontrar algo, o tal vez era para apaciguar aquel sentimiento por no haberle preugntado el nombre. Me aparté las rastras del cuello ya que me molestaban y continué buscando. Pasó una hora y al no querer pagar más dinero por conectarme con aquel ordenador, decidí rendirme y continuar mi búsqueda al siguiente día o quizá nunca.
Un hombre se levantó de su asiento dejando caer un periódico un tanto pornográfico. Con rapidez lo agarré e intenté avisarle de que se le había caído, pero el hombre había desaparecido. Un instinto me hizo mirar dentro de las páginas en blanco y negro y un anuncio me llamó la atención.
Sorprendentemente me vi recortándolo como podía con las manos para solamente coger aquel anuncio y llevármelo a casa para llamar a aquel número. Al salir del cibercafé, no pude esperar más y en mitad del ruido de la ciudad, tecleé el número del anuncio en mi móvil. Unos pitidos y contestó.
-¿Diga?
Me quedé callada completamente, una voz femenina había cogido el teléfono y me resultaba sumamente familiar. Al no saber qué decir, ella dio a entender que quería uno de sus servicios por lo que dijo antes de colgar:
-A las 9 en la discoteca Knight Club.
Dejé caer el brazo e intenté entender aquella extraña situación en la cual me había metido.

Estaba yo allí, en la discoteca de siempre, como todos los días. Aquel día había decidido arreglarme un poco más debido a una extraña intuición que había tenido después de la llamada de un cliente. El olor a tabaco llegaba a mi nariz y miré con enfado al joven que se encontraba al lado mío, apoyado en la pared como yo. Había dejado el tabaco hace poco y no quería volver a caer. Él se dio cuenta de mi presencia y se acercó a mí, apoyando ambas manos al lado de mi cabeza, impidiendo que puediera escapar.
-Oye guapa, ¿estás libre?
-Hoy no -respondí secamente.
Intentó tocarme con sus sucias manos y le ataqué con una patada en los huevos. Se tiró al suelo y al levantarse, decidió irse de allí ya que yo no era una presa fácil.
Entonces, allí la vi. Aquella joven con la cual lo hice la otra noche. No iba borracha como la noche anterior, pero a lo mejor había ido a la discoteca para eso, para olvidar los malos momentos de su vida. Se fijó en mí y vino directa hacia mí. Un momento, ¿y si ella…? No, no podía haber sido ella la que me había llamado.
Por sorpresa mía no dijo nada, me acarició la mejilla y después me besó con rabia. Al acabar soltó una sonrisa y dijo:
-Entonces era tú la que me quitó mis pesares…
Y una historia de amor un tanto peculiar comenzó tras ese primer (verdadero) beso…

PD no contaré nada de mis 11 días inactivos porque fueron como un castigo para mí -___-"

jueves, 18 de marzo de 2010

Reencarnación y miedo

Chico a (imagen gracias a Gara e_e)

Chico b

Chico c
Chico d



Chico e

Antes que nada, me gustaría comentar que ya dejaré Historias de Ewal parado de publicarlo hasta nuevo aviso xD Visto lo visto, que no tuvo mucho éxito en la saga de Kaili, decido dejarlo ahí para que la gente disfrute esos 9 capis que dejé. Respecto a Otro Favor cualquiera me encantaría colgar la última parte de este fantástico OS de romance y misterio (?), pero en mi orde no me abre el archivo y no me permite dejaroslo aquí. Así que he decidido proseguir con otra historia que había dejado a mitad. SI, EXACTO, LAS AVENTURAS DEL LICÁNTROPO WILL. La dejamos en Remordimientos y amistad, el siguiente sería Madre e hijo... Pero... Estamos en las mismas que en Otro Favor Cualquiera, no me abre el archivo xDDD Así que os dejaré con el último OS de las aventuras de Will, nos os preocupéis ^^ Recordad que las aventuras de Will no siguen una trama muy recta y si sale algo de One-Shot anteriores siempre lo resumo o lo explico para que el lector lo comprenda. Esta escena principal me inspiré en los dibus de Kanda (ésta va por ti). Así que espero que disfrutan!!!
(Cacho texto de introducción que escribí)
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Su cabeza rodó por el suelo, manchándose aún más de sangre. No pude contenerme, mi cara mostraba todo lo que estaba sintiendo en esos terribles instantes. Miré a Samantha, quien estaba detrás mía protegiendo al niño. Le indiqué con la cabeza que se pusiera justo detrás de mi espalda, donde nadie le hiciera daño. Al apoyar su cabeza en mi espalda, noté el miedo que estaba pasando y la impotencia que sentía al no haber podido proteger a su amado. Temblaba, pero aún se sostenía en pie, como una mujer fuerte y segura. Me sentí orgulloso de su valentía, y por esa razón iba a luchar más que nunca para conseguir salvarla a ella junto a su hijo.
El ser dio unos pasos, los cuales chapotearon con la sangre del cadáver de mi amigo. Retrocedí unos pasos al igual que Sam mientras le apuntaba. Agarró la cabeza por su pelo negro, la levantó y la colocó justo en cima de su boca abierta. La sangre comenzó a caer con rapidez y el vampiro se saciaba con la sangre de mi amigo. Cuando ya se cansó de la sangre de mi amigo, tiró la cabeza lejos de él y yo cerré los ojos para no encontrarme con la mirada perdida de mi amigo.
Extendió sus alas negras por toda la sala mientras reía con fuerza. Le disparé, una y otra vez sin poder contener mi rabia interna. Apreté el gatillo tantas veces como me lo permitieron las balas, ya que cuando se gastaron, arrojé la pistola con furia. No le había hecho nada, seguía ahí, de pie y asombrándose de sí mismo. Se tocó las heridas sangrantes y chupó sus dedos manchados son su propia sangre. Me sonrió y preví lo que iba a suceder.
Empujé con fuerza a Samantha y al niño para que se apartasen de mí, para que no sufrieran ningún daño. El vampiro ya se encontraba en frente mía, abriendo su enorme boca con sus punzantes dientes. Le esquivé una vez, pero a la segunda él fue mucho más rápido que yo y me agarró de mi pelo para levantarme y así estar cara a cara con él.
Nunca había visto unos ojos tan malvados con los suyos. En el tiempo que llevo luchando contra el mal, me he encontrado de todo, pero nunca una mirada como la suya. Completamente negros, finos casi gráciles pero con un aura tenebrosa que te imbuía hacia lo más profundo de su ser. Intenté apartarle la mirada pero me obligó a que le siguiese mirando. No podía más, tal vez, me fuese a hacer lo mismo que a Dave.
-Esto es muy divertido Will, muy divertido. Hazme más daño, haz que sienta más dolor en este cuerpo tan perfecto -dijo su voz, la cual retumbaba en toda la sala.
-¿Qu-Qué eres?
-Soy el peor de tus miedos encarnado en piel y en un cuerpo. Sabes muy bien a que me refiero exactamente.
-Es imposible…
-Oh si que es posible, y ahora todos juntos, aquí, en un mismo cuerpo, vamos a vengarnos de ti -me cogió del cuello y me tiró hacia el suelo de espaldas para comenzar a estrangularme.
Gruñí con fuerza, y con mi brazo derecho intenté liberarme, pero ya sabía yo que me iba a ser imposible.
Noté el frescor de la sangre de Dave en mi nuca, y el miedo en mi interior aumentó. Pude escuchar los sollozos de Samantha, pude escuchar que el niño intentaba llorar pero no podía. Entonces recordé un momento de mi vida, un momento que me será imposible dejar atrás algún día… El día en el que asesinaron a mi padre delante de mis ojos, justo un año en el que me había cogido y me había decidido educarme lejos de los brazos de mi madre.
Mis fuerzas retornaron a mi cuerpo y conseguí quitar el brazo que apresaba mi cuello. Los ojos de aquel vampiro se impresionaron mucho al ver como yo ofrecía resistencia a su impresionante poder. Quité algo de sangre de mi cara y le miré desafiante.
-Lo siento mucho espirítus vön Drac, pero William está aquí para defender a la última esperanza que le queda a esta humanidad.
Aquellas palabras mías provocaron la risa de los vön Drac. Ellos, quienes tras haber sido extinguidos de la faz de este mundo, habían regresado con el simple propósito de acabar con mi vida y la vida del hijo de Sam y de Dave.
-¡Es una abominación! ¡Nunca dejaremos que algo así crezca en este mundo! ¡Sería el apocalipsis!
-¡Tú no sabes nada! ¡Es el primer niño mitad vampiro mitad licántropo! ¡Puede traer la paz entre los vampiros y licántropos de una vez por todas!
-Los licántropos siempre habéis sido mucho más “humanos” que nosotros, los vampiros, por eso siempre os hemos despreciado, porque no aceptáis que estamos aquí para acabar con esa raza tan inferior a nosotros.
-Te equivocas, los humanos son mucho más fuerte de lo que os creéis. A uno de vosotros, casi se lo carga un humano… ¡Y aquí y ahora el que va a acabar con vosotros va a ser un licántropo! -y me lancé sobre su cuerpo completamente perfecto y negro. Él me empujó hacia atrás con una de sus alas como si de una mosca se tratase.
-Ese amigo tuyo se ha merecido la muerte… Ser uno de nosotros y concebir un hijo con una mujer licántropo. ¡Es imperdonable!
Los picos de sus alas fueron directamente a mi cara, directos a mis ojos. Con unos reflejos que había recuperado, los esquivé rodando por el suelo y manchándome aún más con la sangre de Dave. Me sentía incómodo por el hecho de estar restregándome en la sangre de mi amigo, pero era la única oportunidad para salvar a su mujer y a su hijo recién nacido.
Resbalé con la sangre y aproveché la velocidad que había adquirido para lanzarme a sus espaldas y agarrarle por el cuello mediante una estrangulación. Con un brazo agarré su brazo con fuerza y con el otro le estrangulaba, los vön Drac intentaban hacer que me cayese al suelo para atacarme, pero no lo conseguían. Mi determinación para ganar era mucho más superior a la suya. De mi cinturón marrón, saqué un cuchillo que había cogido anteriormente ante una sensación de que lo iba a necesitar.
Gritó con fuerza, y mis oídos que captaban cualquier mínimo sonido, chillaron de dolor. Grité de dolor y la fuerza de mi estrangulación disminuyó, aprovechó eso para lanzarme por encima de su cabeza y que cayese de espaldas contra el suelo de nuevo. Iba a atacarme con sus colmillos, pero se encontró con que tenía los brazos extendidos agarrando el cuchillo con fuerza, el cual se había clavado en su corazón. Confuso, se colocó recto mirando el cuchillo que seguía incrustado en su pecho. Comenzó a reír como un maníatico.
-¡JAJAJAJA! ¡¿Esta es tu única arma?! ¡Un simple cuchillo! Esto no me va a hacer ningún efecto y lo sabes, querido Will y que sepas… -sus piernas flaqueraron, se tocó el pecho y se quitó el cuchillo con furia como si un veneno se hubiera introducido en su cuerpo. Sus ojos miraban desorbitados a todas partes y escupía sangre. Cayó al suelo y preguntó medio gritando-. ¡¿Qué me has hecho?!
Me levanté del suelo con la ayuda de mis manos y le dije:
-Nada, sólo haber metido ese cuchillo antes en agua bendita, nada fuera de lo común.
-¡TE MATARÉ! ¡HEMOS REVIVIDO SOLAMENTE PARA ACABAR CONTIGO!
-Demasiado tarde vön Drac, vas a morir, el agua bendita ya habrá recorrido todo tu cuerpo y te quedará medio minuto de vida. Así que, antes de morir me gustaría anunciarte una cosa para que la tengas en cuenta en el más allá. Yo soy el hijo de Mary la seductora.
Intentó decir sus últimas palabras, pero se le quedaron para siempre en su garganta. Un rato después, con la sangre de mi amigo Dave y sintiéndolo mucho, encarcelé las almas de la familia vön Drac para siempre a través de un círculo mágico.
Samantha corrió con el niño en brazos hacia mí. Ya no podía aguantar más su angustia, su único amor había muerto y casi morían ella y su hijo. Todo el miedo que había sentido en esos momentos tan eternos, los estaba sacando ahora. Coloqué mi mano ensangrentada en su hombro fuerte y le di unas últimas palabras de ánimo. Confiaba en ella para que criara a su hijo en el camino del bien, sin corromperle, ya que él, el primer híbrido nacido naturalmente, sería mi esperanza para acabar con esta guerra que parecía no tener fin.
La última vez que vi a Samantha y al pequeño Dave fue cuando coincidimos al visitar la tumba de mi mejor amigo. No nos dijimos palabras, con la mirada se decía todo. Samantha dio medio vuelta, haciendo volar su larga cabellera negra y su aroma parecido al mío, y llevaba cogido de la mano a su hijo pequeño con un aroma totalmente nuevo y con una cara que tenía cierto parecido al Dave adulto…

Estaba en un café totalmente normal a plena luz del día, con un sombrero puesto y con mi gabardina preferida. Habia salido una mañana totalmente perfecta y me había apetecido salir a dar una vuelta por esta ciudad que cambiaba con las horas, sentarme y disfrutar viendo a la gente pasar de un lado a otro sin saber mi verdadera existencia.
Abro el móvil, el cual estaba sonando, sonrío y dejo ver mis dientes blancos y perfectos y dijo:
-Entonces Kate, ¿cuál es la siguiente misión?
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Os preguntaréis para que son esas imágenes de tíos de allí arriba, ¿no? Es para hacer como una especie de juego, al lado, habrá una encuesta y servirá para ver vuestra opinión sobre cual podría ser EL MEJOR ASPECTO PARA WILL. Es solo para entreternos xD Recomiendo para poder votar en la encuesta leerse al menos Garras y colmillos xD

viernes, 8 de enero de 2010

Historias de Ewal- Cuando tú me dijiste que te creyera y me mentiste

Bueno, lo prometido es deuda (aunque lo prometí para unas entradas más cercanas). Nos vamos internando más en la historia de Kaili y Kot, y ¡vaya! aquí aparece un personaje muy querido por mí ;D
PD no pongo imagen porque ando con prisa xD
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El dragón alado sobrevolaba el cielo, y encima suya iba una joven de cabellos negros recogidos en una larga trenza. Llevaba encima de su cabeza un pañuelo rojo, y vestía ropas más de hombre que de mujer. Sus ojos miraban con alegría el mundo de “abajo”, aún no se podía creer que estaba volando junto con Kot.
Traspasaron la frontera de Dal, y se adentraron al reino pacífico de Ewal. Todo era de color verde, y a la lejanía; la joven trobadora pudo ver un gran pueblo formado por muchas casas. Llegó la noche, y con él, el frío propio de la temporada. Tuvieron que aterrizar cerca del pueblo, Kaili metió a Kot en su pequeño bolso y se adentró en el pueblo, que más bien parecía ciudad. Habían casas modernas, y por las ventanas se podía ver la luz de las velas.
Aquéllo le daba a Kaili una sensación de cariño. Vio un pequeño banco de madera y decidió pasar la noche ahí. Se tumbó y de su pequeño bolso sacó un mantita. Kot salió del bolso y se abrazó a Kaili. Hacía mucho frío, pero ya habían pasado por cosas peores. De repente, vieron como una sombra se les iba acercando.
Era un hombre mayor, de larga barba y de ojos azules.
-¿Tienes lugar donde dormir?
Kaili se quedó confusa, y tras unos segundos se levantó y le respondió que no.
-Pues entonces vente a mi casa, que dormir en la calle es malo.
Y así hizo la joven. Siguió al anciano a su casa, ésta no se parecía en nada a las demás. Tenía algo especial, que la hacía diferente. Tal vez fuese por su jardín lleno de flores alegres, o por su pintura en la pared que le daba un sentimiento de acogida a Kaili. Llegaron a la puerta y el hombre la abrió con una sonrisa. La habitación principal era de aspecto oscuro, tenía unos muebles que hacían sentir melancolía. A la luz de las velas, Kaili tomó asiento en una silla y el anciano hombre se sentó en la silla frente suya. La joven se toqueteaba los dedos, seguramente el hombre comenzaría a hacerle preguntas, aquéllo hizo que se pusiera algo incómoda.
El anciano soltó un suspiro y dijo:
-Bueno, me deberé de presentar, ya que tú no te has presentado. Mi nombres es Yuipte y tú eres...
-Kaili, señor.
-Bonito nombre Kaili, perdona ahora por mis preguntas pero sabrás que tendré que hacértelas. ¿Cómo una jovencita como tú estaba durmiendo en los bancos de Daoquil?
Concentrándose, la chica preparaba sus respuestas. No iba a mentir a aquel hombre, era muy bueno y amable.
-Verá soy trobadora y he de viajar por todo el mundo. Tras pasar por Dal, decidí parar aquí ya que esta ciudad es muy conocida. Además de que busco algo muy importante para mí...
Kot salió del bolso y desperezándose, se subió a la mesa. En un principio, Yuipte se sorprendió, pero después se relajó. Los dragones eran muy normales por aquel lugar. Acarició con sus arrugadas manos a Kot, quien aceptó ese trato.
-¿De dónde vienes? Llevas ropas extrañas, seguro que no eres ni de Ewal ni de Dal. ¿Acaso has huido de Dicta Bevut? ¿O vienes del reino Cafty?
La chica negaba con la cabeza.
-Provengo de las islas escondidas, lejos de la costa del Desierto Draco- el anciano se sorprendió de verdad- He traspasado todo el mar ya que fui desterrada de mi villa por unos motivos y ahora he de ganarme el pan.
-Comprendo. Por cierto, siento ser cotilla, pero antes has mencionado que estabas buscando algo, ¿puedo saber el qué? Soy muy veterano en Ewal, y aunque no haya viajado mucho puedo ayudarte.
Kaili dudó por unos instantes, tal vez él supiese donde se encontraba aquello que buscaba. Acarició la cola de Kot y susurró:
-La sabiduría eterna...
Varios segundos de silencio, nadie mencionó nada. Yuipte miraba serio a Kaili y tras ese momento de tensión sonrió y preguntó:
-¿Para qué quiere una chica como tú la sabiduría eterna?
-Al hacerme esa pregunta me estás confirmando que existe...
-Claro, ¿cómo no iba a existir? Pero respóndeme.
-Quiero saber del mundo, cómo se formó, todo sobre él.
-Una chica curiosa, cada vez me gustas más. Verás, tal vez esto no te sirva de ayuda, pero tengo cierta información que puedo compartir contigo para ayudarte con tu búsqueda- se aclaró la voz- Comencemos.
Yuipte se encontraba oliendo las flores recién crecidas, la época de recogida de uvas había terminado y acababa de volver a casa de Verne. La joven ciega se encontraba sentada en una silla de madura, sintiendo lo que hacía el chico. Simplemente sonreía, estaba feliz de tenerle otra vez. Además de que había sentido la victoria de Aery sobre el jefe de los bandidos. Eran épocas de felicidad. Mientras olía un tulipán, Yuipte comentó:
-¿Sabes qué Verne?He tenido un sueño mientras estaba en el viñedo.
-¿De qué trataba?
-Estaba sentado junto Aery, uno en frente del otro. Él me sonreír, estaba alegre, como nunca lo había visto. A nuestro alrededor había mucha vegetación, mucho más bonita que este jardín. Se levanta de repente, se dirige hacia mí y me susurra algo al oído.
-¿Has llegado a oírlo?
Mientras asentía, dijo:
-Si, esta vez sí. Me encomendaba una misión. Ayudar a todos los que viniesen a mí en su búsqueda para la salvación de Ewal.
Verne ríe ligeramente, Yuipte la mira confundido. Arranca el tulipán que estaba oliendo, se lo lleva a Verne y se sienta a su lado en el suelo de madera.
-Me recuerdas a un legendario héroe de Ewal...
-¿A un héroe?
-Sí, según cuentan las leyendas, era un jovenzuelo despierto y con mucha imaginación. Provenía de la aldea cercana al árbol Milenario, al igual que tú. Era muy listo, viajó por todos los reinos, recopilando toda su información, historia, tradiciones... Pero todo aquéllo no lo pudo recopilar en su mente, por lo que lo pasó a papel en los últimos años de su vida aquí, en Daoquil. Dicen que los pasó con una pluma de oro y tinta de agua. Las letras resaltaban y brillaban con mucha fuerza. Hubo muchos intentos de robos, por lo que aquel antes joven decidió esconder aquellos pergaminos de sabiduría. Según cuenta la antigua leyenda de Daoquil, lo escondió en aquel lugar donde más guardaba cariño, el árbol Milenario. Sigue estando ahí, esperando a que alguien con la suficiente voluntad como para sacarlo. Esto era un cuento que mi madre me solía contar cuando era pequeña...- dijo con melancolía.
Yuipte se levantó de golpe, y observó el cielo azul. Si Aery le había encomendado aquella misión, significaba que que confiaba mucho en él. Era muy importante para él, por esa razón haría lo que estuviese en su mano para extinguir el odio, la venganza y la guerra en Ewal.
Yuipte terminó de contar aquella antigua leyenda a Kaili. Ella le había estado escuchando con mucha atención. Kot se le subió a un hombro y dijo:
-Entonces, lo único que tengo que hacer es ir al norte de Ewal, ¿cierto?
-Cierto, pero recuerda que aún hay descendientes de los antiguos bandidos que poblaban Ewal que buscan a cualquier extranjero para hacerle huir.
-No permitiré que me hagan nada.
-Te creo, pero ahora es tarde y te ves cansada, así que te acompañaré a tu habitación y te echas a dormir.
El interior de la casa era un poco más grande de lo que Kaili se había imaginado. Estaba la habitación principal, la cocina y dos habitaciones más. Yuipte abrió la puerta y dejó pasar a Kaili. Era una habitación de tamaño normal, con una cama de sábanas blancas, con una pequeña ventana que dejaba ver el trozo pequeño de jardín que se podía ver en la oscuridad. Colgó la vela que llevaba en un pequeño perchero, balanceó un poco pero enseguida consiguió el equilibrio.
-Ya te dejo aquí, ahora descansa- dijo Yuipte mientras cerraba la puerta.
La joven dejó su bolsito en el suelo, del cual sale Kot para inspeccionar en el nuevo lugar en el que se encontraba. Caminaba con pasos elegantes mientras movía la cola dibujando extrañas formas. Encontró su lugar donde descansar. Debajo de la cama se metió y forma un ovillo. Kaili se quitó su chaqueta y se metió en la cama.
Despertó de nuevo en el mismo jardín con riachuelo, se levantó con cuidado y se dio cuenta de una cosa, la flor que se encontraba en ese jardín, había crecido hasta convertirse en un árbol de mediana estatura. Un ligero viento movió sus ramas y las hojas que colgaban de las ramas, cayeron al suelo. Por primera vez, Kaili encontraba la paz cuando observaba aquel mediano árbol. Decidió sentarse y apoyarse en el delgado tronco, en un principio Kaili tenía miedo de que el tronco se resquebrajase pero se sorprendió al ver que aguantaba su peso. Cerró los ojos y comenzó a silbar la canción de la Luna.
La luz que la ventana permitía pasar hizo despertar a la trobadora de su extraño sueño. Se levantó y comenzó a desperezarse. La cama era muy cómoda, hacía tiempo que no dormía tan a gusto. Kot miraba a Kaili desde el suelo, con sus ojos penetrantes.
Salió de su habitación en silencio, calculaba que era muy temprano y la chica no quería despertar a Yuipte. Cuando iba a entrar a la cocina, escuchó unos amargos y tristes sollozos. Al principio, Kaili no se podía creer que proviniesen del anciano, pero cuando se asomó por la puerta descubrió que así era. Ahí estaba Kaili, escondida detrás de la puerta, se sentía triste por el hombre, pero sabía que si llegaba a entrar no sabría que decir. Kot le indicó con la mirada que pasase a intentar consolar a Yuipte. La joven respiró, se armó de valor y de palabras para animar al anciano y pasó por la puerta.
Cruzaba el arco repitiéndose a sí misma las palabras que le iba a decir a Yuipte. Ella le miró con un poco de vergüenza y le preguntó:
-¿Le ocurre algo Yuipte?
El hombre no se había dado cuenta de la presencia de la joven, dejó un papel en la mesa de madera, se secó un poco las lágrimas y con su sonrisa cálida le respondió:
-Nada, son solamente los recuerdos, que vienen de repente... ¿Quieres algo para el desayuno?
Kaili simplemente asintió poco convencida. Yuipte se levantó de la silla y salió de la cocina a comprar algo a las tiendas de Daoquil. Cuando la trobadora se aseguró de que el anciano se había marchado, se acercó a la mesa a leer aquel extraño papel que había hecho llorar a Yuipte. Lentamente, agarró lo que parecía ser una carta.
“Querido amigo Yuipte:
Soy Fer Qel, reina de Ewal y esposa de Aery Giol. Tal vez te Aery te haya hablado de mí en sus visitas a Daoquil solamente para verte. Primero, gracias por todos los buenos consejos que le diste a mi esposo. Ahora voy hacia la verdadera razón de esta carta. He decidido anunciarte de mi esposo, Aery. Murió de una enfermedad muy extraña y aún se desconoce su origen. Los mejores sanadores de Ewal hicieron todo lo que estuvo en su mano, pero aún así Aery no soportó más el dolor.
Agradecería que asistieras al entierro de Aery, que seguramente el hubiera deseado tu asistencia. También me gustaría que asistieras a la coronación de nuestro hijo ya adulto Fert, ya que yo no puedo desempeñar el cargo de reina por culpa de mi estado físico.
Mi más sinceros saludos,
Fer Qel”
Kaili no comprendía la situación, pero una cosa estaba segura. El mejor rey que había tenido Ewal, había fallecido. Sus manos le temblaban, dejó rápidamente la carta en su sitio. Había oído rumores en el pueblo de Dal que aquel Aery fue quien expulsó a todos los bandidos del reino pacífico. Al parecer Yuipte y él fueron amigos, y ahora la reina de Ewal le pedía que fuera a ver el entierro.
Se tocó el corazón, le latía con fuerza. Nunca había sentido ese sentimiento. El perder a alguien importante para ella. Nunca lo había sentido porque lo único importante para ella era Kot y nadie más.
Acarició a Kot y oyó como la puerta de la casa se abre. Se sentó en la silla esperando a la entrada de Yuipte. El ruido de los pasos le indicaban a Kaili que se estaba acercando.
Yuipte pasa por el arco, llevaba en sus brazos una barra de pan y una cesta con varios tomates. Los dejó en la bancada de la antigua cocina, y comenzó a preparar el desayuno para Kaili. Ella le miró con tristeza, no sabía como se sentiría en esos momentos el anciano, pero seguramente estaría triste. Ve como el anciano cortaba en rodajas uno de los tomates y le hizo un bocadillo con el pan. Se lo colocó en un plato de madera, se lo llevó a la mesa y le dijo:
-Aquí tienes.
La chica ensombreció la mirada y le preguntó:
-¿Irás al entierro?
-¿Has leído la carta?- preguntó confuso Yuipte.
-Si... Perdóname, pero debía de saber por qué estabas tan triste.
El anciano se tocó la barba, y tras soltar un áspero suspiro, se sentó al lado de ella. Sus ojos eran azules, tan puros, que Kaili aún no se lo podía creer.
-Debo de ir, él fue quien me salvó de morir en un incendio, además de que después de eso no me dejó tirado. Era un chico muy amable y tolerante, y después se convirtió en un buen hombre que amaba a su mujer. Definitivamente iré.
Kaili cogió el bocadillo y comenzó a comer. Se sorprendió, ya que no esperaba que le gustase. Nunca había probado el tomate, aunque hubiese visto muchos en su aldea natal. Tenía un sabor que le hacía vivir miles experiencias. Tras tomar varios bocados más, comenzó a pensar en ir a acompañar al anciano. Era el primer hombre con el que sentía un sentimiento nuevo, casi paternal, por esa razón quería acompañarlo. Kot se subió a su cuello para intentar coger algo de esa nueva comida, de repente, la chica dejó el bocadillo en el plato y dijo:
-Te acompañaré.
El anciano se quedó anonadado, después sonrió, no le vendría mal una compañía agradable. Se levantó y dijo:
-Entonces será mejor prepararnos, quiero conocer a la reina de Ewal.
“Nunca supe donde te escondías,
hasta el día en el que te encontré.
Ahí alta en el cielo, omnipresente,
con un poder inigualable.
Por esa razón te alcanzaré
y estaré junto a ti siempre.”
Melodía de la Luna, canto III

domingo, 27 de diciembre de 2009

Otro favor cualquiera parte 3

En la próxima entrada prometo poner Historias de Ewal, pero ahora toca dejar un retoque que he hecho a una página del One-Shot "Apple" de Komi Naoshi... A ver que os parece xDDD

http://img46.imageshack.us/img46/7397/52146416.jpg

Y aquí os dejo con otro favor cualquiera!!! Que por cierto hace ya un tiempo que me puse a escribirlo y lo acabé! Hooray!!!

Fuimos al día siguiente. Elizabeth ya no iba con las pintas de una prostituta, sino con una ropa de mujer normal que le había conseguido yo con unos cuantos ahorros. La mansión era enorme y los jardines espectaculares. La primera reacción que tuve era que la Sra “Flower” quería matar a su marido por su riqueza. Tocamos al timbre y nos atendieron enseguida. Era una muchacha bastante joven como la que me atendió antes de conocer finalmente a Elizabeth.
Nos llevó a la parte de atrás de la mansión ya que nos iban a hacer la entrevista. Gracias a mis contactos supe que estaban falta de servicio. Le lancé una mirada amable a Elizabeth ya que parecía estar en otro mundo observando todo aquéllo, ella no me respondió y me asusté en un principio.
La chica que nos abrió, de repente vino acompañada por una mujer de asombrosa belleza. La miré con la boca entre abierta, podría compararse con Elizabeth, pero brillaba con luz propia. Sus cabellos rizados rubios, sus ojos azules perlados, su cara de muñeca de porcelana. No sabría decir exactamente su edad, pero joven era. Y por lo que me constaba, el Sr Williams era bastante mayor. Las ropas que vestía le favorecían mucho, tanto que triplicaba su belleza.
Sonrió de una manera que no comprendí y después dijo:
-Contratados, pero primero debéis decirme algo de vosotros.
Giré rápidamente la cabeza hacia Elizabeth quien estaba cruzada de brazo, aquéllo me hizo pensar que quería que fuera yo quien hablase.
-Pues mi nombre es Jack y ella es mi hermana Emma, somos dos huérfanos que nos hemos tenido que ganar la vida a nuestra manera... -mi versión era muy creíble ya que nuestras ropas no eran las mejores del mundo.
-De acuerdo, ¿Emma sabes cocinar? -Elizabeth negó con la cabeza- Entonces te encargaras de la limpieza de esta mansión y tú, Jack serás el ayudante del mayordomo.
Nos levantamos enseguida e hicimos una reverencia en modo de agradecimiento. Ya habíamos conseguido lo fácil, y era infiltrarse en la mansión ahora faltaba conocer los verdaderos propósitos de “Flower”.
La jovencita que nos había abierto la puerta, nos condujo hacía lo que serían nuestras habitaciones. Al parecer al creer que éramos hermanos nos pusieron en la misma habitación. Más problemas encima de mi espalda, ¿cómo lo haríamos para dormir? Sólo había una cama y una sala para poder cambiarse. Suspiré al cerrarnos la puerta tras nosotros.
Elizabeth me sonrió divertida, y después se sentó encima de la cama. Tras quitarse con elegancia sus zapatos se puso en una pose atrevida y me preguntó:
-¿Por dónde comenzamos “hermanito?
-No te rías “Emma”, todo es una tapadera...
-Lo que tú digas “Jack”.
La habitación no era del otro mundo, al menos estaríamos en buenas condiciones. El Sr Williams sabía encargarse de sus sirvientes, ¿entonces por qué querría su mujer matarle? Estuve pensativo la mayor parte del tiempo sin decir palabra a Elizabeth. Ella me miraba con aspecto interrogante, quería saber que me traía por mi cabeza. Me coloqué de nuevo, ya que estaba apoyado en la pared y dije:
-Será mejor comenzar con nuestro trabajo lo antes posible, ¿no Emma? Los problemas de intimidad los dejaremos para la noche...
Mientras que Elizabeth era enseñada por la cocinera para saber fregar los platos, mi trabajo consistía en abrir la puerta principal de la mansión o ayudar a algunas de las sirvientas.
No sabía muy bien por que, pero la “señora” la mansión siempre pasaba por mi zona de trabajo y me sonreía como con curiosidad. Yo, por el bien de mi cuartada, la saludaba con elegancia y con una sonrisa fingida. Parecía que se hubiese maquillado para sólo venir a verme. Me toqué la barbilla recién afeitada, las mujeres eran tan complicadas...
-Menudo día... Casi rompo dos platos de porcelana -soltó Elizabeh mientras se sentaba en la cama y se quitaba el uniforme.
-Yo casi me caigo de boca al pisar la alfombra.
-¿Y tú eres un asesino a sueldo? -dijo ella con aspecto divertido.
Suspiré y asentí con elegancia. La verdad era que en mi trabajo era mucho más cauto y sigiloso de lo que en verdad parecía ser.
Dejé la chaqueta negra en mi armario, y entonces, los suaves brazos de Elizabeth me abrazaron. Colocó su cabeza en mi hombro, y sentí como su dulce pelo me hacía cosquillas en el cuello. Acaricié sus manos. Ahora que lo pensaba, no sabía nada sobre aquella mujer. ¿Cómo había sido su vida como para haberse metido en la postitución? No quería preguntarle, temía que su pasado fuese tan duro como para no querer recordarlo. Sólo quería tener esos momentos con ella.
-Ten cuidado con la mujer de la casa Egbert -me susurró al oído misteriosamente.
-¿Cómo?
Elzabeth rompió el abrazo y mi mente pensaba en esa última oración dicha por ella. Se cambió de ropa mientras yo estaba de espaldas contra ella. Nos fuimos a nuestras camas y descansamos de ese primer día de trabajo.




Espero que me podáis perdonar por actualizar por doble y porque la parte 3 sea tan corta xD

sábado, 5 de diciembre de 2009

Historias de Ewal- Cuando tú me dijiste que me agarrara a tus alas y caí



Bueno, bueno, comenzamos nueva saga en Historias de Ewal aquí en mi blog! Mientras que la historia de amor de Aery Giol y Fer Qel la titulé "Aproximándose a la Luz", esta parte la llamé "Agarrando la Luz", juju, espero que encontréis un por qué a lo largo de estos capítulos xD

Que decir.... Este primer capítulo lo presenté a un concruso de One-Shots de NarutoUchiha y recibió una buena puntuación... Al ser tan corto el capi, lo tuve que alargar y aquí tenéis el resultado xD Una historia interesante, con reencuentros de personajes y nuevos personajes =D

Que disfrutéis!!!

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El sol se encontraba en su total plenitud. Estaba encima de todo, omnipresente. Hacía calor. En medio del desierto, era donde más hacía calor. No había nada. Ni una sombra donde poder cobijarse, ni un pequeño charco del que poder beber, ni un pequeño arbusto del que poder coger sus frutos y alimentarse con ellos. La arena era áspera, y hacía de los pasos de Kaili, mucho más difíciles.
-¡Ya estoy harta!- gritó a los cuatro vientos.
Tras chillar unas cuantas veces más, Kaili cayó rendida al suelo. Se tumbó encima de la arena, algo de lo cual se arrepintió, ya que estaba hirviendo por culpa del calor del Sol. Se levantó enfadada y gritó otra vez algunas blasfemias. Entonces, un pequeño ruido se produjo en el cuerpo de Kaili. Un rugido atroz. Se tocó la barriga. No había probado bocado desde unas cuantas lunas. De una pequeña bolsa de piel que portaba colgado de su hombro, salió un dragón. Era un reptil diminuto, de escamas verde esmeralda. Tenía los ojos de color amarillo, y su cuerpo finalizaba en una larga cola que formaba una espiral. Éste miró a Kaili y se subió encima de su hombro. Con su cuerpo, acarició suavemente la cara de Kaili. Ella le tocó un poco. Comprendía por lo que estaba pasando.
-Ya lo sé Kot, pero recuerda que falta poco para salir del desierto y adentrarnos en Dal. Debo ganarme el pan.
Kot le siguió mirando con su mirada suplicatoria, por lo que Kaili decidió meterlo de nuevo en su bolsa. Soltó un suspiro. Kaili esperaba que aquel infinito desierto no fuese su tumba, ni la de Kot.
Su cuerpo se sentía cansado, decidió descansar allí mismo, aunque hiciese tanto calor. Continuaría su camino por la noche, cuando hacía frío en vez de calor. Cerró los ojos y se adentró en un sueño.
Un suave viento le hizo despertar. Con algo de enfado, se levantó de la arena o lo que antes era arena. Al posar su suave mano en el suelo, notaba que no estaba en la arena. Estaba sentada sobre hierba, verde hierba. Confundida, se puso de pie. Decidió investigar el lugar. El ruido de un riachuelo le llamó la atención y se dirigió hacia allí. Era un río pequeño, de agua cristalina, de repente una gota enorme salió del agua. Se asustó en un principio, pero después se dio cuenta que era Kot que se había bañado en el agua. Le abrazó y le preguntó:
-¿Sabes dónde estamos?
Una luz le cegaba, se tapó con una mano. ¿De dónde provenía tal luminosidad? La luz comenzó a decaer y cuando apartó su mano se quedó perpleja. Era maravilloso. Si solamente lo pudiese coger...
El pequeño dragón le lamió la cara, Kaili se despertó. Se tocó la cabeza, ¿qué era aquello? Entonces, la luz de la Luna la despistó y le hizo olvidarse de aquel extraño sueño. Se puso en marcha, quería llegar cuanto antes a Dal para poder descansar en condiciones y comer buenos alimentos. Kot se metió en su pequeño bolso, forma un pequeño círculo y volvió a dormir.
Cuando iba a comenzar el amanecer, el dulce amanecer; Kaili veía a lo lejos unas luces fijas. Al fin había llegado a la frontera del Desierto Draco con el reino de Dal. Corrió tanto como sus piernas se lo permitían, lo que hizo que se cayese varias veces. Al fin iba a poder comer de verdad. Llegó a un pequeño pueblo exhausta, entró como pudo, arrastrando sus pies.
Al ver el interior del pueblo Daliense se quedó confusa. ¿Por qué la gente al verla cerraban sus ventanas y se entraban en sus casas? ¿Acaso le tenían miedo?
Las casas eran de madera de color claro, y en cada casa había un pequeño jardín con flores muertas que intentaba decorar el hogar. Al recorrerse la mayor parte de la ciudad, llegó a una taberna que parecía la más acogedora de todas las que había visto. Tocó primero la puerta y después atravesó la puerta. El ambiente no era nada alegre. Señores mayores sentados en taburetes bebiendo de su cerveza, las madres cansadas de aguantar el llanto de sus hijos. Lo peor fue que al ver que había entrado alguien nuevo, todos los presentes giraron sus cabezas hacia Kaili. Ella solamente pudo sonreír como una estúpida.
Caminaba lentamente hacia la barra, se dirigió hacia quien parecía la jefa del hostal. Una señora de unos cuarenta años, rechoncha de cara y de cuerpo también. Tenía los cabellos rubios y rizados, pero lo que más llamó la atención de la chica fueron sus labios gordos que se movían con mucha rapidez.
-Perdone...- dijo tímidamente Kaili.
-¿Um?- respondió solamente la señora.
-Vengo a hospedarme aquí, es que me recorrido todo el Desierto Draco solamente para venir a Dal.
Murmullos, y de repente todo el mundo comenzó a reírse. Un señor mayor con un bastón se le acercó y le dijo:
-Jovencita, si te hubieras recorrido aquel desierto estarías muerta, ya que el único que habita el desierto es la muerte.
A la joven se le hinchó la vena del cuello y comenzó a gritar. Comenzó a contar su historia, de cómo había atravesado el desierto y cómo había sobrevivido. Lo contaba todo de manera detallada, y lo que la chica agradecía era la atención del público. Al acabar soltó un suspiro, estaba cansada y necesitaba beber agua.
-Jeje, parece que la chica dice la verdad...
Todos aplaudieron a Kaili y la vitorearon. La dueña de la taberna la invitó a bebidas, en general, pasó una buena noche Kaili.
Al siguiente día, bajó a la barra para tomar su desayuno. Ya no había gente, se habían ido a sus respectivas casas. La chica aún tenía sueño, pero se lo había pasado bien. Mientras que la señora de labios gruesos le preparaba el desayuno, ésta le preguntó:
-Kaili, ¿por qué tan duro trabajo para venir solamente a Dal? Es un reino de lo más normalito.
-Soy trobadora, y me gano la vida contando historias a los habitantes de distintos pueblos. Así que necesito viajar y encontrar lugares nuevos.
-Entiendo...
La chica se tomó tranquilamente su desayuno, y por debajo de la barra le daba pequeños trocitos a su pequeño dragón. No quería llamar más la atención.
-Por cierto, Sra Jadse... ¿Por qué este pueblo es tan triste?
A la mujer se le oscureció la cara, parecía que fuese un tema bastante serio.
-Hay algo en estas tierras que nos quita parte de nuestra energía vital. Por eso, cuando viniste aquí y empezaste a hablar y a contar tu historia, era como si... Como si la parte de nuestra energía que habíamos perdido se recuperase. Tal vez después de todo, necesitemos una trobadora.
Kaili se levantó repentinamente de su taburete. Agradeció a Jadse el desayuno y se marchó de la taberna corriendo. A lo mejor los habitantes del pueblo no lo notasen, pero la joven si que lo notaba. Había algo ahí, que la llamaba. Siguió corriendo rápidamente, lo que hizo, como siempre, que se chocase con toda la gente. Ella se disculpaba, aún así siempre chocaba.
Llegó adonde la hierba cambiaba de color, y el lugar daba un aire más alegre. De su pequeño bolso sacó a Kot y le susurró que la llevara adonde necesita ir. El dragón comenzó a olisquear la hierba, como si de un perro se tratase, y se alejó de Kaili. Seguía oliendo y oliendo.
Kot llevó a la trobadora a un lugar muy peculiar. A un pequeño riachuelo de agua cristalina. En el centro de aquel río, había una roca, y en esa roca un objeto que no podía identificar por culpa de la luz que desprendía. Se acercó poco a poco y como podía. Notó como el agua le mojaba sus pantalones de cuero, no le importaba. Entonces, se dio cuenta que aquel objeto que le quitaba la vida al pueblo de Dal, no era nada más ni menos que una pequeña y débil flor. Kaili la observó con admiración, dijo para sí misma lo siento y la arrancó de la roca. De un momento a otro, el nivel del agua comenzó a subir y arrastró a Kaili con ella.
-¡Es imposible!
El riachuelo se convirtió en un gran río con una gran fuerza de arrastre. La chica chocaba con trozos de rama que le hacían magulladuras y con piedras que le provocaban moratones. Ella intentaba pedir ayuda, pero nadie le escuchaba. Justo, cuando iba a llegar a un lago de mucha profundidad, donde posiblemente se ahogaría. Alguien la sacó. Ella estaba inconsciente, no sabía quien era. Notó de su chaqueta que era un animal con garras muy fuertes. Abrió lentamente los ojos y miró hacia arriba.
Se quedó atónita. Parecía Kot, su pequeño dragón de escamas color esmeralda, pero no podía ser él. Aquel ser era mucho más gran que él y además tenía unas enormes alas de escamas también.
-Kot, ¿eres tú?
Algo le hizo preguntar éso, y algo le hizo saber que sí, que era él. ¿Cómo se había transformado en un ser tan grande? El aire le golpeaba fuerte la cara y elevaban sus cabellos por todo lo alto. Le gustaba aquella sensación, se sentía libre como ningún ser que había volado sobre aquel cielo tan inalcanzable. El gran dragón seguía volando por encima del río, todos los seres que habitaban la tierra le parecían insignificantes a su campo de visión, cuando llegan a lo que parecía el pueblo donde se habían hospedado antes, aterrizó lentamente. Kaili se mareó al principio cuando sus pies tocaron el suelo, pero eso no le importaba. No se lo podía creer. Kot... Inesperadamente, la trobadora abrazó a su amigo al cuello y le dijo:
-¡Te quiero! Gracias, gracias, gracias...
Kot simplemente lanzó un gruñido, entonces la chica se acordó de algo importante. Le dijo que la esperase, fuera hacia la taberna y tras esquivar las preguntas de la Sra Jadse, subió a su habitación y cogió su pequeño bolso. De él, sacó una flauta travesera de color plata, como su oficio era el de contar cuentos, siempre le venía bien tocar su flauta.
Comenzó con su melodía, sabía que aunque Kot estuviese a muchos metros de distancia, oiría su melodía. La melodía de la Luna. El dragón poco a poco fue reduciendo su tamaño al escuchar la canción, y con él, la alegría del pueblo fue creciendo enormemente.
“O señora celestial,
tú que te elevas sobre nosotros,
traémelo de vuelta.
O señora que guarda la noche,
devuélveme los sentimientos.
O señora blanca,
si en serio estás ahí,
por favor,
escucha mi súplica.”
Kaili repasaba la letra de la melodía mentalmente. Aunque no comprendía como Kot se había transformado en un ser tan grande, algún día cuando controlase su transformación llegarían a la superficie de la Luna, la tan ansiada Luna...
Era de noche, y la Luna resplandecía con su luz habitual. Lejos del pueblo se encontraban Kaili montada encima del gran Kot, sintiendo el frío aire en sus carnes. Por unos momentos, parecía que pudiesen coger aquella Luna tan ansiada por ellos. La chica abrazó al dragón y le dijo:
-Creo que nos estamos aproximando a nuestro destino...

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PD Próxima historia: Cuando tú me dijiste que te creyera y me mentiste

Ahora que lo pienso, me encantan los títulos de esta saga *O* Son los más "poéticos"

PD2 la imagen que he puesto, la acabo de encontrar por casualidad y el significado que le he encontrado me ha parecido el que más se parecía a al significado de la historia... (y a los personajes principales)